Cómo acostumbrar a tu perro a la silla de ruedas

Por Redacción de RampaParaPerros.com

La silla de ruedas es una buena noticia con mala prensa, porque significa que el perro vuelve a tener una manera de moverse por su cuenta y de salir a la calle a hacer lo que hacía antes. Lo que decide si la acepta no es la técnica de presentación ni la paciencia. Es si el carro está bien ajustado.

Un apoyo que aprieta el abdomen o que queda flojo genera rechazo desde el primer minuto, y el rechazo tiene razón. Antes de la primera sesión conviene que lo revise quien te haya asesorado en la silla, o quien lleve el caso de tu perro. Lo que tiene que confirmarte esa persona es que el reparto de peso sea correcto, que no comprima ni el abdomen ni las axilas, y que la altura le deje caminar en una postura natural.

El ajuste manda sobre cualquier técnica

Con eso resuelto, empieza lo demás. Y aquí se abren dos situaciones que se manejan distinto, aunque las guías del sector las traten como una sola. No es lo mismo un perro cuya pérdida de movilidad se ha estabilizado que uno cuya pérdida sigue su curso.

La pérdida que se ha parado

Cuando el cuadro está asentado —tras una lesión que ya cicatrizó, o con un déficit que lleva meses igual— el cuerpo del perro es un blanco quieto. La silla que le ajusta hoy le va a ajustar dentro de tres meses, y eso permite ir despacio de verdad. Días de acercamiento sin ponérsela. Sesiones de dos minutos. Una progresión que puede durar semanas sin coste ninguno.

Aquí el objetivo es que asocie el carro con salir. Todo lo que ocurra con la silla puesta debería ser mejor que lo que ocurre sin ella.

Sin excepciones.

Terreno que se mueve bajo los pies

La otra situación es distinta y pide otra cabeza. Si la enfermedad avanza, el perro que llevas a la silla en marzo no es el mismo que la lleva en junio. Pierde masa en el tren posterior y cambia de perímetro, y un arnés que hace tres meses repartía bien puede estar apoyando ahora sobre hueso. Revisa el ajuste cada pocas semanas aunque no haya pasado nada —la señal de que se ha quedado corto suele ser una rozadura, o sea, cuando ya es tarde—.

Y ve más rápido con el aprendizaje. Esperar a que esté del todo cómodo con el carro puede significar que llegue a él con menos fuerza para empujarlo, así que aquí el margen es más estrecho. Si todavía no está claro que le toque, el criterio está en cómo saber si tu perro necesita silla de ruedas.

Minutos, no paseos

La primera vez que se la pongas, piensa en dos o tres minutos y no en un paseo. No se trata de que recorra distancia, sino de que descubra que puede dar un par de pasos y que eso trae premios. Empieza en una superficie lisa, para que las ruedas hagan su trabajo solas. Y ten algo delante que le motive a avanzar.

Un paso cuenta. Celébralo y quítasela antes de que se canse, nunca después, porque la sesión que termina bien es la que se puede repetir al día siguiente sin negociar.

Ve alargando poco a poco, según lo veas suelto. Si un día retrocede, acorta y sigue al siguiente.

Y hay algo que conviene saber antes de que pase, porque visto desde fuera parece un error: los primeros días son torpes. El perro calcula mal lo que ocupa ahora. Engancha una rueda en el marco de la puerta. Se queda plantado a mitad de giro, o se enreda con los muebles que llevaba diez años esquivando sin mirar. Eso no dice nada de la silla ni de cómo está medida —dice que todavía no tiene aprendido el tamaño que ocupa, y ese aprendizaje se hace chocando un poco—. Se le pasa en unos cuantos intentos, y se le pasa antes si los primeros son en un sitio despejado. Con la pérdida ya parada puedes darle ese margen entero; si sigue avanzando, dáselo igual pero en menos días.

Y una cosa no es torpeza. Con la silla puesta tiene que poder ponerse en postura para orinar y para defecar. Si le cuesta —o si lo hace de otra manera, o si ha dejado de hacerlo— no lo entrenes más: quítasela y llama a la clínica antes de la siguiente sesión.

Rozaduras que hay que buscar a propósito

Cada vez que le quites la silla, y antes de guardarla, revisa con calma todos los puntos donde el arnés ha estado apoyando durante la sesión, que son básicamente las axilas, las ingles y el recorrido de cada correa sobre el cuerpo. Buscas enrojecimiento o calor local. Una rozadura pequeña detectada el mismo día se corrige moviendo el ajuste, mientras que esa misma rozadura descubierta una semana más tarde ya es una herida, y una herida convierte el carro en un objeto que el perro esquiva en cuanto lo ve aparecer.

Hazlo con las manos y no solo con la vista, porque bajo el pelo hay calor y humedad que no se ven aunque estés mirando de frente.

El cansancio decide cuándo se acaba

Moverse con silla es esfuerzo nuevo para músculos que llevaban tiempo sin trabajar, y un perro que lo está pasando bien no va a pedir parar. Se detiene, jadea más de lo normal o pierde interés. Eso marca el final. La regla que usamos aquí es que la sesión la termina el cuidador —siempre, y unos minutos antes de lo que parecería necesario—.

Varias sesiones breves rinden más que una larga.

Guardar el carro entre sesión y sesión

Las primeras semanas vais a alternar silla y brazos, y ahí el sitio donde se guarda decide bastante. Un modelo plegable para perro pequeño en talla M se recoge sin ocupar medio pasillo, que es la diferencia entre usarlo tres veces al día o dos.

Su ficha, eso sí, termina pidiéndote que midas a tu perro y compruebes que la talla M le vale. No es un descuido de esa ficha. Ninguna de las 10 sillas activas del sitio publica una sola medida: ni altura, ni contorno, ni horquilla de peso. En una familia de producto donde el ajuste lo es todo, el trabajo difícil queda entero de tu lado. El método está en cómo medir a tu perro para una silla de ruedas. Con más margen de elección, la sección completa es sillas de ruedas para perros.

Para los tramos cortos en los que la silla no compensa —del sofá a la puerta, por ejemplo— un arnés de ayuda convive bien con ella. Y el resto de adaptaciones de la casa, con rampas o escaleras para perros en los sitios de descanso, están en movilidad reducida.

Parar y consultar

Compara a tu perro solo consigo mismo. Hay perros que trotan el primer día y otros que necesitan dos semanas de acercamiento (los vídeos de internet no son la referencia).

Aquí no se diagnostica nada. Si aparece cojera nueva, si una rozadura no mejora en dos o tres días, si está apático o si notas una pérdida de movilidad que se acelera de golpe, para el entrenamiento y llama antes de seguir.

Nada de esto se arregla insistiendo.

Lo que aquí se dice sobre cuidados del paciente mayor está contrastado contra las guías de atención al paciente senior de la AAHA, que es un documento público y se puede comprobar.

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