Dónde y cómo colocar la rampa en casa de forma segura

Por Redacción de RampaParaPerros.com

Una rampa que patina casi nunca es una rampa defectuosa. Suele ser una rampa bien fabricada puesta a treinta centímetros del sitio correcto, sobre un suelo que no la sujeta y contra un mueble que se mueve. Conviene decir esto antes que ninguna otra cosa: la mayor parte de lo que vas a leer aquí no cuesta dinero, cuesta cinco minutos y un poco de disposición a mover muebles.

Mueve el pie treinta centímetros

Dónde apoyas el extremo de abajo decide la pendiente entera. Cuanto más lejos del mueble, más tumbada queda; cuanto más la arrimas, más se empina. Es el ajuste más potente que tienes y no cuesta nada, así que se prueba antes que ninguna otra cosa. Separa el pie un palmo y mira cómo sube. Separa otro palmo.

La longitud de la rampa es fija; el ángulo con el que trabaja, no.

Si tu perro trepa en vez de caminar, o se lanza en los últimos pasos, la pendiente le está pidiendo demasiado. Para poner número a lo que estás viendo tienes la calculadora de inclinación en grados —que no es un semáforo, es una regla de tres con la altura y la longitud— y el criterio con el que la leemos está entero en inclinación de la rampa.

El sofá que se desliza cuando el perro carga

De poco sirve un apoyo firme abajo si arriba se mueve. Un sofá ligero o una cama con ruedas se desplazan un par de centímetros en cuanto el perro pone las patas delanteras en el borde, y ese desplazamiento pequeño es lo que le enseña que ahí no puede apoyarse. Bloquea las ruedas o arrima el mueble a la pared. Coste: cero.

El borde de arriba tiene que descansar sobre estructura, no sobre relleno. Un labio apoyado en el cojín del sofá se hunde cuando el perro llega, y llegar arriba y notar que el suelo cede es la peor manera posible de terminar una subida.

Sitio despejado en los dos extremos

Es el fallo que más sobrevive a las correcciones, porque no se ve mirando la rampa. Hay que mirar los dos metros de alrededor. Si el extremo de arriba desemboca contra la pared o en el hueco estrecho entre la cama y el radiador, tu perro llega bien y no tiene dónde poner las patas, así que frena y muchas veces da media vuelta. Abajo pasa al revés: necesita espacio para encarar la rampa de frente, porque un perro que la aborda de lado sube desequilibrado desde el primer paso.

Aparta la mesilla y suele bastar con eso.

Una alfombra de goma debajo del pie

En tarima o en baldosa pulida, los tacos de la rampa tienen poco a lo que agarrarse, y ahí entra el único material que hay que comprar en toda esta guía: un trozo de goma antideslizante de la que se vende por metros para forrar cajones. Debajo del extremo inferior, y se acabó el patinazo. Antes de eso, revisa los tacos (el polvo y el pelo acumulados reducen el agarre una barbaridad, y limpiarlos con un paño húmedo sale gratis).

Con la rampa ya colocada, apóyale la mano en el centro y empújala en la dirección en la que va a subir el perro. Si se te va, se le va a ir a él.

Comprar entra al final del todo

Cuando has movido el pie todo lo que da de sí la habitación y la rampa sigue empinada, el problema ya no es de colocación. Es de longitud, y eso no se arregla recolocando. Para muebles bajos, una rampa corta y regulable resuelve el ajuste fino sin ocupar medio salón, como la Efan de madera de 70 cm o la PriorPet de abedul, regulable entre 18 y 53 cm.

La Relaxdays ajustable de interior se recomienda mucho para esto y tiene un límite que conviene mirar antes de nada: son 35 kilos de capacidad declarada, y en su posición más alta la pendiente que le queda a un metro de tabla es considerable. Para un perro pequeño y un sofá bajo va bien. Para un perro mediano con las caderas delicadas y una cama alta la estás poniendo a trabajar en su peor punto (y una rampa que solo funciona en una posición concreta de la habitación acaba usándose menos, que es la forma más cara de ahorrar).

Si lo que no da de sí es el sitio, la salida a veces no es una rampa. Las escaleras que aprovechan su hueco como cajón ocupan una fracción del suelo, y si lo que querías salvar era el tramo de escaleras de casa, ahí la respuesta suele ser que no.

Por dónde pasáis vosotros de noche

Una rampa fija en el dormitorio es un objeto de metro y medio en mitad de un recorrido que hacen personas medio dormidas. No la pongas donde alguien vaya a encontrarla con el pie a las tres de la mañana. Y si la recoges entre usos, que no quede apoyada de canto en un sitio del que pueda venirse encima de alguien —ni del perro, que suele andar cerca cuando la estás plegando—.

Lo demás es rutina y no se compra. Que viva siempre en el mismo sitio ayuda bastante: muchos perros la usan mejor cuando forma parte del mueble y no de la lista de cosas que aparecen y desaparecen. Mientras esté aprendiendo, acompáñale las primeras veces y no le dejes solo con ella hasta que suba con soltura; si se resiste con la rampa perfectamente colocada, el problema ya no es de instalación y lo trata perro con miedo a la rampa. Cuándo y cómo retirarla el resto del día está en dónde guardarla cuando no se usa.

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