Ejercicios suaves para un perro mayor
Por Redacción de RampaParaPerros.com
Tu perro sube menos al sofá, así que le pones la cama abajo; con la cama abajo ya no tiene motivo para subir; sin ese motivo hace un viaje menos al día, y a la semana siguiente el sofá le queda un poco más alto que la anterior. El círculo gira despacio y cada vuelta parece una atención.
Antes de seguir. Si tu perro se levantaba solo hace unos días y hoy no puede, si arrastra o cruza las patas de atrás, si se le escapa el pipí o la caca o lleva muchas horas sin orinar, si grita al moverse o si no consigue mantenerse de pie: llama a tu veterinario hoy, no mañana. Hasta que te digan cómo trasladarlo, no le hagas caminar, no lo levantes con un arnés ni con una toalla y no compres nada.
Esto va delante porque esta página propone que muevas a tu perro, y existe un supuesto en el que lo correcto es justo lo contrario, dejarlo quieto. Cuando la fuerza se va de golpe, lo que suele haber detrás es un problema de médula, y en esos cuadros lo que ocurra durante las primeras horas pesa mucho en el pronóstico: cada intento de levantarlo por tu cuenta resta.
Con el otro caso delante —un perro que lleva meses haciendo un poco menos cada mes, y que hoy se parece bastante a ayer— esta guía sirve. Aun así, un perro que ha ido reduciendo lo que hace merece una revisión: que haya ido despacio no significa que sea normal.
El círculo empieza en una tarde que se queda tumbado
Dejar de mover a un perro mayor no se decide nunca de forma consciente. Lo que pasa es que un día no se levanta a recibirte y lo dejas dormir, que es lo cariñoso. Después acortas el paseo porque parecía cansado. Y el juego de después de comer se cae solo, porque ya no lo pedía. Cada una de esas decisiones es razonable por separado y todas juntas le dejan el día vacío.
La trampa está en que un perro con molestias no pide. Pedir cuesta. Él ha aprendido antes que tú lo que le cuesta cada cosa, así que deja de pedirlo, y ese silencio se lee en casa como tranquilidad.
Lo que ves como calma puede ser renuncia.
La pauta la pone alguien que ha explorado al perro
Antes de cambiar nada, ese perro necesita que alguien diga qué le pasa. No es lo mismo un perro con artrosis que uno recuperándose de una lesión, y tampoco se parecen un problema de corazón y una pérdida de fuerza en el tren trasero: el movimiento que le conviene a uno puede sentarle mal a otro. Los ejercicios de movilidad guiada hay que aprenderlos con alguien delante para que la postura sea la correcta.
Aquí no se puede hacer eso y no se va a fingir. Quien escribe lee fichas y documentos publicados —el marco de cuidados del perro mayor sale de las guías de atención al paciente senior de la AAHA, y lo relativo al dolor, de sus guías de manejo del dolor—. Eso sirve para no soltar disparates y no sirve para firmar la rutina de tu perro.
Se corta ofreciendo, no exigiendo
El círculo se rompe por el lado de las ocasiones. Un perro mayor que tiene motivos para levantarse se levanta más veces al día, y esa cuenta —cuántas veces se pone de pie entre las nueve y las nueve— pesa bastante más que su tamaño. Repartir el agua en dos puntos de la casa. Dejar su cama a dos metros de donde estás en vez de pegada a tus pies. Salir cuatro veces cortas en lugar de una larga, y llamarle para darle algo bueno en vez de llevárselo.
Ofrecer no es exigir —la diferencia importa—. Si no se levanta, no pasa nada: la ocasión estaba ahí y mañana habrá otra.
Lo que hace posible aceptar esas ocasiones es que moverse no le cueste un disgusto. Un suelo donde patina cancela cualquier plan (y un escalón que se ha vuelto grande, también). Ahí es donde entran las rampas para el sofá o el coche y las escaleras para tramos bajos, además de un arnés de ayuda cuando hace falta sostener parte de su peso.
Tipos de movimiento que suelen encajar
Ideas para llevar a la consulta y no una receta cerrada. Bajo impacto quiere decir sin saltos ni frenazos, sin giros bruscos y sin superficies que resbalen.
Caminar despacio y a menudo
Varias salidas breves y tranquilas al día en lugar de una caminata que lo deje agotado. El paso lento y constante sobre suelo firme es de las actividades más completas que existen para un perro mayor, y dejarle olfatear a su ritmo forma parte del ejercicio, no es una pausa dentro de él.
Terreno blando y llano
Hierba o arena compacta obligan a los músculos a trabajar un poco más sin cargar las articulaciones como lo hace el asfalto. Conviene evitar las pendientes fuertes y las escaleras improvisadas.
El agua, si hay dónde
El agua sostiene el peso del cuerpo y reduce el impacto, y de ahí que la natación y la cinta acuática aparezcan a menudo en rehabilitación canina. Siempre en un entorno seguro y con alguien que sepa lo que está haciendo.
Los sitios por donde no se corta
El primero es el reposo completo, que parece la opción prudente y sin embargo alimenta el círculo por dentro. Un perro que no usa el músculo lo pierde, y con menos músculo cada movimiento le cuesta un poco más, de modo que la vez siguiente se mueve todavía menos y el círculo cierra otra vuelta sin que nada de eso se note en un solo día. Dejarlo tranquilo tres semanas no lo deja como estaba: lo deja peor.
El segundo es el día bueno. Cuando amanece animado, la tentación es aprovechar y hacer la sesión larga que no se pudo hacer el martes. Eso casi siempre se paga a la mañana siguiente. La regla es quedarse corto: si dudas, para.
Y el tercero es la tienda. Comprar resulta cómodo, y de esas compras vive este sitio, pero una cama nueva no pone en marcha a ningún perro. Lo hacen los motivos, y que moverse no duela.
Parar hoy mismo
Interrumpe la actividad y consulta si aparece cojera, rigidez o un cambio en la forma de andar, sea durante el ejercicio o después. También si jadea de forma desproporcionada, si se tumba y no quiere seguir, o si se aparta cuando le tocas una zona. Y desde luego con temblores, desorientación o cualquier cambio brusco respecto a como está normalmente.
Y hay una señal que no se ve durante la sesión sino después: que al día siguiente esté peor. Cuando eso ocurre, la respuesta no es repetir con más ganas.
Cuando la pérdida de movilidad es mayor, hay recursos específicos que valorar en consulta y que están reunidos en movilidad reducida, incluidas las sillas de ruedas. Ninguno de esos apoyos sustituye la rehabilitación ni el criterio profesional: hacen que el movimiento diario sea más seguro.
Nada de lo anterior sustituye una valoración, y quien lo escribe carece de formación clínica. Cada perro llega con su historia y con sus límites, así que los movimientos descritos aquí se hacen con una pauta veterinaria o de fisioterapia por delante. Si aparece dolor, si cojea, si se lesiona o si pierde fuerza de un día para otro, esa es la llamada del día.