Perro senior: señales de que está perdiendo movilidad
Por Redaccion de RampaParaPerros.com
La pérdida de movilidad de un perro mayor no se esconde: se instala tan despacio que quien vive con él se adapta a la misma velocidad. Le abres tú la puerta. Lo subes tú al sofá. Esperas tú un poco más en el rellano. Cuando alguien que no lo ve desde el verano dice «cómo ha envejecido», la sorpresa es de esa persona y no tuya, y ese es exactamente el problema.
Antes de seguir. Si tu perro se levantaba solo hace unos días y hoy no puede, si arrastra o cruza las patas de atrás, si se le escapa el pipí o la caca o lleva muchas horas sin orinar, si grita al moverse o si no consigue mantenerse de pie: llama a tu veterinario hoy, no mañana. Hasta que te digan cómo trasladarlo, no le hagas caminar, no lo levantes con un arnés ni con una toalla y no compres nada.
Va aquí arriba porque la habituación funciona en las dos direcciones. En una casa donde todo lleva meses empeorando poco a poco, un empeoramiento de golpe puede leerse como «hoy está peor», y no lo es.
Lo brusco tiene otra prisa.
El resto de la página va de lo lento, que es lo que le pasa a la mayoría.
Quien lo ve todos los días lo ve menos
No es descuido tuyo. Un cambio de un dos por ciento al mes resulta invisible para quien lo mira todos los días y evidente para quien lo compara con hace un año, y encima llega con una explicación cómoda ya incorporada y difícil de discutir: se está haciendo mayor. Esa frase es verdad y no dice nada, porque no tiene fecha ni permite comparar.
Contra eso hay dos correctivos que no cuestan nada, y el primero es escuchar a quien llega de fuera aunque su comentario moleste, porque esa persona está haciendo la comparación que tú ya no puedes hacer. El otro va en el apartado siguiente.
La fecha de la última vez
Preguntarte si tu perro está peor no lleva a ningún sitio: la respuesta te sale distinta según el día que hayas tenido tú. Prueba con otra cosa —cuándo fue la última vez que hizo algo concreto—. Cuándo se subió solo al sofá. Cuándo saltó al maletero sin ayuda. Cuándo hizo el paseo largo entero sin sentarse.
Casi siempre te vas a acordar. Y casi siempre esa fecha está bastante más atrás de lo que habrías respondido si te lo preguntan de golpe.
Eso es lo que convierte una impresión en información utilizable en la consulta, y es lo que conviene llevar apuntado. Fechas y hechos, no adjetivos.
Levantarse y tumbarse
Las transiciones avisan primero. Un perro que antes se ponía de pie de una pieza empieza a hacerlo por partes: primero las delanteras y luego un empujón con la trasera. Al tumbarse, se deja caer de lado en vez de acomodarse poco a poco. Y empieza a buscar superficie blanda, porque el suelo duro deja de ser cómodo.
Fíjate en las mañanas y después de las siestas largas. La rigidez que aparece al arrancar y se suelta con el movimiento es de las señales más tempranas que hay (y de las más fáciles de normalizar).
Dudas delante del sofá y del maletero
Los desniveles son lo primero que un perro mayor empieza a esquivar. Se planta delante de la escalera. Ladra pidiendo que lo subas donde antes brincaba, o se queda mirando el maletero a la espera. Esa duda ya te está contando algo: o le está saliendo caro el impacto de bajar, o le falta impulso para subir.
El error de reacción más común es forzar el gesto para «que no se acostumbre» (va exactamente al revés). Cuando aparece la duda es cuando toca quitarle el salto, con una rampa o unos escalones que le devuelvan el acceso sin castigo. Para ver qué pendiente le queda cómoda con la altura de tu mueble, la calculadora de inclinación lo resuelve en un minuto.
Patinar y compensar
Los suelos lisos se vuelven un problema en cuanto pierde fuerza. Verás que abre las patas para no resbalar, que camina pegado a la pared —donde el suelo suele estar menos pulido— o que patina al girar. Y que las uñas repican contra el suelo más de lo normal, porque arrastra un poco.
Ahí se monta un círculo que conviene cortar pronto: el perro que se ha caído una vez se mueve menos, moverse menos le quita músculo, y con menos músculo se cae más. Alfombras en sus rutas habituales —y las uñas recortadas— quitan buena parte del riesgo por muy poco dinero.
Menos ganas no siempre es más calma
La movilidad también es cuánto quiere moverse. Un perro que acorta el paseo por su cuenta, o que ha perdido interés por juegos que le encantaban, está diciendo algo. Leerlo como «ya está mayor y tranquilo» es la explicación sin fecha otra vez.
Presta atención a lo que no parece movilidad. Que se retire cuando lo tocan en cierta zona, o que gruña al levantarlo.
El dolor no cojea siempre.
Postura, uñas y temblores
Quedan las señales sutiles, que por separado significan poco y bastante cuando se juntan.
- El lomo más arqueado, con el peso desplazado hacia delante.
- Uñas gastadas de forma desigual.
- Dormir más.
- Temblor en las traseras al quedarse de pie un rato.
- Que evite hacer sus necesidades donde siempre si eso implica bajar un escalón o pisar césped mojado, y que llegue a aguantarse más de lo que le conviene con tal de no bajarlo.
Ninguna de ellas confirma nada por su cuenta. Lo que dibuja el cuadro es el conjunto y, sobre todo, hacia dónde se mueve ese conjunto en unos meses.
Adelantarse a la primera caída
Lo que hagas con esto tiene un momento óptimo y es ahora, mientras solo hay dudas. Quitar los saltos evitables. Cubrir los suelos que patinan. Acercarle la cama y los cuencos para que los trayectos de casa se acorten, y ajustar el paseo a su ritmo en lugar de al tuyo, que es el cambio que más cuesta hacer y el que más se nota. Cuando el paseo se queda corto de verdad, hay ruedas antes que renunciar a salir: cuándo un cochecito tiene sentido, cómo elegirlo y, en perros muy pequeños, la mochila como paso intermedio.
Nada de esto sustituye la visita: no hay revisión veterinaria detrás del sitio y nadie ha explorado a tu perro. Lo que sí se puede hacer desde aquí es que llegues a la consulta con fechas concretas en lugar de con la sensación de que últimamente está más parado. Si ya tienes medido el mueble, el recomendador orienta sobre qué tipo de ayuda encaja.
Todo lo anterior está leído sobre las guías de atención al paciente senior de la AAHA, publicadas enteras y comprobables sin pedirle permiso a nadie.