Rampa en mojado: lluvia, nieve y hielo

Por Redacción de RampaParaPerros.com

En seco casi cualquier acabado sirve. Mojado, la lista se vacía deprisa: seis rampas del catálogo llevan alfombra de fábrica, y esa alfombra no debería salir al jardín. Vamos a ir tachando hasta ver qué queda.

Empezamos tachando la moqueta

La alfombra de pelo corto es el acabado más agradecido que existe bajo techo. Agarra bien y el perro la pisa sin dudar. En cuanto la mojas se convierte en una esponja que absorbe y tarda días en secar del todo. Y si viene una helada con ella húmeda, se pone dura como una tabla. En invierno esa alfombra pasa de ser lo que más agarra a ser lo que menos.

Seis rampas del catálogo la llevan de fábrica y hay más gente que se la pone por su cuenta encima de una rampa lisa. Para el salón, perfecto. Para el porche, se tacha.

El agua no quita agarre, quita margen

El plástico liso pierde bastante fricción al mojarse. El aluminio desnudo también. Y la peor de todas es la madera barnizada —el barniz es literalmente una capa puesta ahí para que el agua resbale por encima—. Pero el problema no es que agarren menos. Es que dejan de perdonar.

Una rampa en seco tolera que el perro suba deprisa o que apoye mal. La misma rampa mojada convierte cualquiera de las dos en un resbalón. Por eso los relieves que evacuan agua rinden mucho mejor que los que solo son rugosos. La goma con dibujo y los travesaños transversales dejan por dónde salga el agua; una superficie granulada pero plana se llena y hace de plato de ducha.

La comparación de acabados a fondo, con lo que aguanta cada uno, está en superficie antideslizante en rampas. Si la rampa que ya tienes es de las lisas, se arregla desde fuera: devolverle el agarre a una rampa lisa.

Bajo la lluvia, otra pendiente

Este descarte se salta siempre, porque no tacha un producto sino una configuración. Los 20 grados que damos por buenos en un perro sano, y los 15 del perro mayor, son una raya que ponemos nosotros y se pensó para rampa seca y bien apoyada. Bajo la lluvia usa el prudente aunque tu perro esté sano.

Con eso, la aritmética se pone seria. Un maletero de 60 centímetros a 15 grados pide unos 232 centímetros de rampa, y la más larga del catálogo mide 221. Traducido: con un maletero alto y lluvia encima, el catálogo no da. Lo que queda entonces es bajar la altura o no subirlo por la rampa ese día. Mete tus dos medidas en la calculadora de inclinación con tus medidas y compruébalo con tus números, que el razonamiento está en inclinación de la rampa para perros.

Hay días en los que la respuesta es no usarla

El hielo no se compensa con una superficie mejor. Una placa fina sobre una banda de goma es una placa fina, y encima no se ve. Si ha helado, la rampa se revisa con la mano antes de que el perro pise, y si sale resbaladiza no se usa: se retrasa la salida o se coge al perro con un arnés de sujeción.

Con nieve, la regla es retirarla antes de la subida y no después, porque el perro la compacta al pisar y lo que queda debajo ya es hielo.

Cepillo, no pala. Si la rampa ha pasado la noche fuera y ha helado, dale tiempo a que suba la temperatura antes de usarla, porque el hielo a medio deshacer resbala más que el hielo entero. Y la sal de deshielo de calles y portales irrita las almohadillas: al volver del paseo, enjuágale las patas.

Mantenimiento de lo que ha sobrevivido

Una rampa de exterior pierde agarre por suciedad mucho antes que por desgaste. El barro seco y las hojas rellenan el relieve y lo dejan casi plano, y eso pasa en semanas, no en años. Una pasada con cepillo y agua cuando se ensucie, y secado antes de guardarla. Después de cada temporada de lluvia toca comprobar si las cintas adhesivas y los tacos de goma siguen pegados. La rutina completa está en mantenimiento y uso seguro de la rampa, y el debate de dejarla fuera todo el año, en vivir a la intemperie, sí o no.

Guardarla bajo cubierto entre usos alarga la vida de todo lo anterior y quita de encima el problema del hielo.

Dónde meterla cuando no hay trastero está en dónde guardar la rampa cuando no se usa.

Queda el material del tablero, que no descarta nada

Después de todo lo tachado, queda un criterio que la gente usa el primero y que aquí no sirve para elegir: de qué está hecha la rampa. En el catálogo hay 16 de plástico y 10 de aluminio, y el material del tablero no predice cómo se comporta en mojado, porque lo que pisa el perro es la banda que va encima. Una rampa de aluminio con goma con relieve agarra mejor que una de madera con alfombra, y al revés.

Lo mismo pasa con la palabra «antideslizante»: la llevan 41 de las 42 fichas. Un adjetivo que cumple el 98 % del mercado no separa nada.

De los modelos que sí están pensados para vivir fuera, dos ejemplos con sus pegas. La VEVOR de 180 con superficie tipo Oxford es la más ancha del catálogo con sus 50,8 centímetros declarados, que es margen de sobra para un perro que camina dudando, y pesa 8,34 kilos, que es de lo que más pesa: si la vas a montar y desmontar cada día, cuenta ese esfuerzo. La rampa con superficie de césped artificial de PawHut resuelve muy bien el tacto para perros a los que les cuesta pisar metal, pero es de las estrechas del catálogo y su propia ficha se contradice al declarar el ancho. Con un perro grande, mídelo antes. Y compra con derecho a devolución. Y la BACOENG de 180 centímetros monta una alfombra: sirve para el coche cuando la guardas dentro, y es justo la que no dejaría fuera de un porche.

Si tu caso es una rampa fija de exterior y no una que va y viene, el planteamiento cambia bastante: está en rampa para el jardín y escalones exteriores.

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