Rampa para que tu perro salga de la piscina
Por Redacción de RampaParaPerros.com
Entra de un salto, con toda la energía del mundo, y a partir de ese momento cada minuto que pasa juega en su contra. Nada hacia el borde y no encuentra dónde agarrarse porque el borde es liso y vertical, así que da media vuelta y prueba en otro punto. Cada intento le cuesta fuerza. Con menos fuerza flota peor, con lo que la parte del cuerpo que consigue sacar del agua es menor, y cuanto menos saca menos posibilidades tiene de izarse en el intento siguiente.
Ese círculo se cierra en pocos minutos y no depende de que el perro nade bien.
El borde vertical no se escala nadando
Un perro sin apoyo bajo el agua no tiene nada contra lo que empujar, así que para subir un borde de piscina tiene que levantar todo su peso con las patas delanteras y sin punto de apoyo para las traseras. Muy pocos pueden, y los que pueden solo pueden mientras están frescos —y eso deja de estarlo tras diez minutos de intentos—. Un perro mayor o con sobrepeso se queda fuera de esa lista desde el primer intento, y lo mismo vale para un cachorro o para cualquiera que nade poco.
De ahí que la vía de salida no sea un accesorio de comodidad. Es lo único que interrumpe el círculo del párrafo anterior antes de que se cierre.
La parte sumergida es lo que convierte una rampa en salida
Aquí está el detalle que separa una solución de un adorno. Si la rampa termina en la superficie del agua o justo por encima, el perro tiene que hacer el mismo esfuerzo que en el borde para subirse a ella: levantar el cuerpo desde la nada. Si en cambio una parte queda claramente sumergida, puede apoyar las patas cuando todavía está flotando y empezar a trepar desde ahí, que es un movimiento completamente distinto al de izarse a pulso y mucho más barato en energía.
Con la pendiente pasa lo mismo. Larga y tumbada, aunque ocupe más borde del que te gustaría; corta y empinada, el perro se queda a mitad y vuelve al agua. Puedes calcularla con la altura real del bordillo y el largo disponible en la calculadora de inclinación. Y como un perro mojado empujando hacia arriba tira con bastante más fuerza que uno caminando, conviene mirar con margen lo que aguanta el conjunto, según lo que explicamos en capacidad de carga.
Una salida fija, y de un color que no se confunda
El segundo punto de corte es la localización. Una rampa que un día está en un sitio y otro día en otro no llega a existir para el perro, porque lo que aprende no es «hay una rampa», es «se sale por aquí». Se coloca en un punto fijo y del mismo lado durante todo el verano —el mismo, aunque estorbe para las hamacas— y se elige un color que contraste tanto con el agua como con el gresite, porque un perro cansado localiza antes una mancha clara que una forma.
Contra el agua azul vale cualquier cosa blanca o de color claro, y es lo más barato de acertar de todo.
Enseñarle dónde está, con la piscina tranquila
Y el tercero, que es el que más se salta. Ningún perro deduce que ese objeto es su salida; lo aprende repitiéndolo. Se dedican varias sesiones cortas a guiarlo hasta ella con premios y con toda la calma del mundo. Se entra por el sitio fácil y se sale siempre por la rampa, con el agua a distintos niveles (que cambian con el uso y con el calor) para que la reconozca esté como esté. Se repite hasta que la busca solo. Con un cachorro o con un perro nervioso conviene empezar con la rampa medio fuera del agua e ir metiéndola poco a poco.
El día que la use sin que se lo pidas, has cerrado el círculo por el sitio bueno.
El chaleco no corta el círculo
Un chaleco flotante retrasa el agotamiento y hace más fácil sacarlo si hay que sacarlo (que ya es bastante). Lo que no hace es dar una salida: un perro con chaleco frente a un borde vertical sigue sin poder subir, y ahora además flota mientras se cansa. Sirve como complemento, no como sustituto. El error es frecuente porque el chaleco parece la compra más protectora de las dos.
Tampoco lo corta una rampa de cama o de coche puesta ahí de cualquier manera. Esas están hechas para superficies secas y para quedarse fuera del agua. En una piscina se degradan con el cloro y con el sol, y su superficie deja de frenar en cuanto lleva unas horas empapada. Lo que sigue agarrando mojado es el relieve con dirección. Lo explicamos en superficie antideslizante en rampas y en cómo mejorar el agarre de una rampa que resbala. Para las condiciones de exterior, en rampas para lluvia, nieve y hielo. La rampa también tiene que quedar anclada al borde: una que vuelca cuando el perro apoya el peso es peor que ninguna, porque él ya contaba con ella.
Y la vigilancia, que no se delega en un objeto
Con la salida puesta, señalizada y aprendida, el círculo se corta antes de empezar. Aun así, ningún perro debería quedarse solo en la piscina, y menos todavía si es mayor o cachorro, o si se cansa pronto. Después del baño, un aclarado con agua limpia: los productos del tratamiento irritan ojos y piel.
Y una señal para no pasar por alto durante el verano. Si sale del agua cojeando o muy rígido, o si cada día le cuesta un poco más subir por la rampa, eso no es cansancio de piscina. No hay aquí ningún profesional que pueda decirte qué es. Quien puede es su veterinario, y conviene ir antes de que el problema pase de un mal día a una costumbre. Si además la rampa de salida acaba usándose todo el año para otras cosas, el recomendador ayuda a acotar modelos con tus medidas.