Debilidad en las patas traseras: cómo ayudar
Por Redacción de RampaParaPerros.com
Que tu perro flaquee de las patas de atrás, que se le vayan al levantarse o que ya no suba a sitios que antes salvaba de un salto da mucho miedo, y la sensación habitual es que hay que hacer algo ya. Hay que hacer varias cosas. No todas te tocan a ti, y algunas te tocan solo a ti; saber cuál es cuál ahorra tiempo y evita errores que se pagan caros.
Este texto es informativo. No examina a tu perro y no dice qué le pasa.
Qué le toca al veterinario, y con qué prisa
Hoy mismo, sin esperar a mañana
Estas señales apuntan a un problema de columna o de médula, y ahí el tiempo cambia el pronóstico. La ventana para actuar puede ser de horas.
- La debilidad ha aparecido de golpe, en horas o en un día.
- Arrastra las patas, las cruza al andar o apoya el dorso de los dedos contra el suelo.
- Se le escapa el pipí o la caca, o lleva muchas horas sin orinar.
- Grita o se queja al moverse, o al tocarle la espalda.
- No se tiene de pie.
En cualquiera de esos casos, llama a la clínica antes de seguir leyendo, evita que camine y no le pongas un arnés hasta que te digan cómo moverlo. Una rampa no pinta nada aquí.
Esta semana, con cita normal
La debilidad trasera que se instala poco a poco también merece una revisión, aunque no corra la misma prisa. Es el caso del perro que empeora de forma clara de una semana a otra, del que tarda cada vez más en levantarse pero lo consigue, del que ha perdido músculo visible en los muslos y del que ha dejado de intentar saltos que antes hacía sin pensárselo. Que sea progresivo no significa que sea normal.
Lo que decida a partir de ahí es suyo. Detrás de una pérdida de fuerza trasera puede haber desgaste articular o displasia de cadera. También un problema de disco —más frecuente en razas de cuerpo largo y patas cortas—, una pérdida de masa muscular por inactividad o un problema neurológico, y el tratamiento cambia por completo de uno a otro. Saber que la lista existe sirve para entender que esto se mira. No sirve para decidir tú cuál es.
El ritmo de aparición solo lo tienes tú
Hay una información que ningún profesional puede obtener en la consulta, porque no estaba en tu casa las últimas semanas: cómo empezó y a qué velocidad va. Es de las primeras cosas que te van a preguntar y de las que peor responde la memoria.
Ponlo por escrito antes de ir. Con dos semanas de notas de tres líneas basta (qué día notaste el primer resbalón y cuántas veces se le han ido las patas hoy). Graba además veinte segundos de vídeo con el móvil desde detrás y desde un lado, con el perro caminando en línea recta por un pasillo sobre suelo que no resbale. Ese vídeo vale más que cualquier descripción tuya: el día de la consulta tu perro va a estar nervioso y va a caminar distinto de como camina en casa.
Es trabajo tuyo, es gratis y solo puedes hacerlo tú.
Del suelo se encarga la casa
Un perro con poca fuerza detrás gasta una parte importante de la que le queda en no resbalar. Sobre tarima o gres las patas patinan hacia fuera. Él se tensa para corregir y llega cansado al sitio adonde iba. Alfombras o pasillos de moqueta en los cuatro trayectos que de verdad usa —su sitio, el agua y la puerta— cambian el día entero y no cuestan casi nada; están en suelos resbaladizos y perros mayores y en adaptar la casa a un perro mayor.
El peso es del mismo cajón. Cada kilo de más lo levantan las mismas patas que ya no responden, y es de las pocas cosas que dependen enteramente de la cocina de tu casa: por qué el peso agrava cada salto. Y si pasa muchas horas tumbado, conviene adelantarse a la pérdida de músculo y a las úlceras por presión.
La rampa se encarga de un solo gesto
Conviene decir con precisión qué hace, porque es menos de lo que la palabra sugiere y aun así es bastante. Una rampa sustituye el salto por una subida caminando. En la bajada sobre todo, porque ahí es donde se concentra el impacto. Nada más. No trata ninguna causa, no devuelve fuerza y no frena nada; quita el gesto concreto que peor lleva un tren trasero débil, y lo quita todas las veces al día que haga falta.
Para cumplir eso necesita una pendiente por la que camine sin impulsarse, agarre que no le deje patinar y ancho de sobra para que apoye sin buscar el borde. La longitud sale de la altura que tiene que salvar, y la calculadora de inclinación para tu caso te la traduce. Entre los modelos de recorrido largo, la PetSafe Happy Ride extralarga llega a 221 cm y 51 de ancho, que es mucho margen para un perro que se bambolea; si tienes menos espacio, la compacta de la misma gama se recoge hasta 71 cm.
Cuando la rampa deja de ser suficiente, lo que sigue no es una rampa mejor. El arnés de ayuda y la silla de ruedas resuelven cosas distintas y se ordenan en cuándo toca cada uno; cómo se elige y se coloca un arnés sin hacerle daño está en cómo elegir un arnés de ayuda.
Descartadas las señales de arriba y con el visto bueno de la consulta sobre cómo moverlo, el formato más sencillo de esa ayuda es el que se lleva encima: un apoyo portátil para el tren trasero se guarda doblado en el bolsillo del abrigo y sale solo en el momento en que hace falta, que suele ser el escalón del portal y el último tramo de vuelta a casa. No devuelve fuerza ni trata nada: reparte el peso de la parte de atrás mientras el perro camina, y quien dice si le conviene y cómo colocarlo es tu veterinario.
Nada de esto es trabajo del perro
Queda una tentación que conviene desactivar. Ver a un perro perder músculo empuja a hacerle andar más para que lo recupere, y eso no te toca decidirlo: el tipo y la cantidad de ejercicio dependen de la causa, en algunos cuadros el reposo es parte del tratamiento, y forzar empeora las cosas. Pregunta qué actividad le conviene y en qué cantidad, y haz esa y no otra.
Tampoco le corresponde al perro entender la rampa el primer día ni disimular menos de lo que disimula (los perros disimulan mucho, y esa es media explicación de por qué esto llega tarde a la consulta).
La debilidad trasera es un síntoma, y los síntomas se miran.