Usar la rampa del coche sin rayar la carrocería

Por Redacción de RampaParaPerros.com

Lo que raya la pintura casi nunca es la rampa. Es lo que va metido entre la rampa y la pintura: arena de la playa del verano pasado, gravilla del aparcamiento, barro seco del monte. La goma sola no hace gran cosa. La goma con un grano de cuarzo dentro es una lija.

De ahí que este sea uno de los pocos problemas de esta web que se resuelve mirando en vez de comprando.

Luz rasante sobre el borde del maletero

Cómo se hace

Enciende la linterna del móvil y apóyalo tumbado sobre el parachoques, con el haz casi paralelo a la chapa (no apuntando hacia ella, que es como no se ve nada). A esa luz salen dos cosas que de frente no se ven. Los granos de arenilla proyectan una sombra larguísima y aparecen a docenas donde tú habrías jurado que no había nada. Y las marcas finas que ya tienes se dibujan como una telaraña.

Qué vas a encontrar

Repite la operación en el extremo superior de la rampa. Si es de goma o de plástico blando, la arenilla se incrusta ahí y se queda. Lo que encuentres en esos dos sitios es el mapa completo del problema, y evitar que esas dos superficies vuelvan a tocarse con algo en medio es la mitad del trabajo.

Es una comprobación de diez segundos y hay que hacerla precisamente en el momento de menos ganas, que es al volver de la excursión con el perro empapado y el maletero lleno hasta arriba.

El labio de goma y lo que se le mete dentro

Muchas rampas traen un remate de goma o de caucho en el extremo alto (puesto ahí precisamente para apoyar sin morder la chapa). Cumple bien mientras esté entero y limpio, que es como está el primer año y como deja de estar a partir del segundo si vives cerca de la playa o aparcas en tierra. Cuando se endurece con los años o se le queda dentro el sedimento de veinte salidas al campo, deja de proteger y empieza a hacer lo contrario sin que nada en su aspecto lo anuncie.

Si tu rampa no lo trae, una toalla vieja doblada en cuatro o una alfombrilla de goma entre la rampa y el paragolpes hacen el mismo trabajo. No es una solución provisional: es la solución, y además amortigua el golpecito de apoyar la rampa con una mano mientras sujetas al perro con la otra.

Levantar, nunca arrastrar

El segundo origen de las rozaduras no está en el apoyo sino en la maniobra. Colocar la rampa deslizándola sobre el portón, o retirarla tirando de ella hacia atrás, es pasar el extremo por toda la carrocería con el peso encima. Se coloca en el aire y se retira en el aire. Aunque pese, aunque haya que apoyar la rodilla en el paragolpes para hacer palanca y aunque resulte francamente incómodo con el perro dando vueltas alrededor, que es su especialidad.

Y si la rampa pesa lo suficiente como para que esto no sea realista, ese es un dato de compra que no venía en la ficha —ninguna publica cuánto cuesta manejarla con una mano ocupada—.

Encajada arriba, asentada abajo

Una rampa que se mueve raya la chapa y además asusta al perro que va encima, de modo que las dos cosas se arreglan con el mismo gesto y merece la pena hacerlo bien una vez en lugar de a medias todos los días. Arriba, el extremo tiene que quedar encajado sobre el borde del maletero y no en equilibrio sobre el filo. Si el labio muerde solo un centímetro, cada paso del perro lo desplaza un poco, y ese poco es el que va limando. Abajo, las patas o el remate inferior tienen que asentar en suelo llano y firme antes de que el perro ponga una sola pata encima. Aparcar en cuesta o sobre gravilla suelta pasa a ser una decisión tuya y no una casualidad del sitio, aunque eso signifique dar una vuelta más a la manzana buscando un trozo de asfalto llano.

Y el orden importa. Se comprueba el asiento antes de que el perro suba, no mientras sube.

Cuando el problema es la rampa y no tu pulso

Hay un caso en el que ninguna de estas precauciones sirve de nada, y es el de la rampa demasiado corta para el coche. Cuando la pendiente sale forzada, el extremo superior apoya con un ángulo agudo y se clava en vez de posarse. Hay que empujarlo contra la chapa para que no se escurra. Ahí las rozaduras no son un descuido: son una consecuencia geométrica.

La medida que decide es la altura del maletero, y se toma desde el asfalto como explicamos en cómo medir la altura del maletero. Con ese número, la calculadora de inclinación te dice si la rampa que tienes da un ángulo razonable o si estás forzando el apoyo cada mañana. En vehículos altos el problema se multiplica y tiene guía propia en rampas para SUV, furgoneta y camper.

Elegir bien evita casi todo lo anterior

La rampa que encaja con tu coche no necesita que la fuerces contra nada, y esa es la mejor protección para la pintura que existe. Los criterios de elección están en cómo elegir una rampa para perro, y las fichas de modelo por modelo, en rampas para coche. Si vais a hacer trayectos largos, el resto del equipaje se trata en viajar con tu perro en coche, y el agarre con lluvia, que es el otro asunto del maletero, en superficie antideslizante en rampas. Si prefieres empezar por el modelo, el recomendador filtra por tus medidas.

Nuestra posición sobre este asunto concreto: preferimos una rampa larga que sobresalga un poco y quede fea aparcada a una corta que se apoye de milagro y quede bonita. La chapa se raya; una caída, no se deshace.

Y una cosa que no depende del material. Si tu perro duda al subir, no es cuestión de acostumbrarse a la rampa: casi siempre es que se mueve algo, y merece la pena repasar el apoyo antes de trabajar la confianza. Ante cualquier molestia al subir o al bajar —una pata que apoya menos, una queja al arrancar—, eso lo mira el veterinario y no la rampa. Este texto no lo avala ningún profesional.

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